martes, 13 de octubre de 2009

Escultura natural


Este fin de semana hemos tenido la suerte de podernos escapar para tomar un poco el aire.
En otoño las salidas al bosque tienen algo de especial. Los arboles van tiñéndose de ocres y dejan caer sus hojas formando un manto multicolor. Los suelos, húmedos, aprovechan los últimos días cálidos del año para llenarse de setas y hongos, los cuales proliferan por las laderas más umbrías de los montes.
En las zonas más altas el bosque va desapareciendo y sólo van quedando aquellos que mejor se adaptan a las condiciones enrarecidas del medio. Aquí observamos a este ejemplar de pino que, orgulloso, hiergue su esquelética figura en un vano intento de permanencia.

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